La noria de Beirut
- ISHTAR YASIN

- Jan 17, 2022
- 5 min read
Updated: Feb 3, 2022
A la memoria de Jocelyne Saab
"La verdadera tumba de los muertos está en el corazón de los vivos. “ Jean Cocteau
Llegué al Líbano, al festival de cine de Tripoli, a presentar la película “Dos Fridas”. Hacía 10 años no regresaba a ese país del cuál guardo hermosos recuerdos, especialmente de una persona excepcional, reportera de guerra, cineasta, artista.
Jocelyne Saab nació en 1949, una fecha muy importante en la historia árabe contemporánea, el año de "Nakba" o la "La Catástrofe", que llevó a 300.000 palestinos a dejar sus tierras y refugiarse en Jordania, Siria y Líbano en el momento de creación del "Estado de Israel". Joselyne fue autora de impresionantes películas, pionera del nuevo cine libanés, consecuente con sus ideales, defendió la causa palestina. Ella realizó películas sobre la guerra de Egipto, Kurdistán, irak, Irán, Siria, Golán y Líbano. Su primera película de ficción "Una vida suspendida", se estrenó en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes, (1984). En el 2006, estrenó la película "Dunia" en el Festival Internacional de Cine de Sundance.
Camino por la costa de Beirut, y miro el mar. Es tan triste sentir un vacío que nunca más podrá llenarse y que revive a cada paso, en cada cosa que miro, porque ella, Jocelyne, me mostró esta ciudad y es a través de sus ojos que la conocí.
Nos encontramos por primera vez en Biarritz, Francia, el 2008, cuando fuimos invitadas por Pierre-Henri Deleau al país Vasco, como jurados en aquel palacio construido por Napoleón III, frente al Atlántico. Las olas enormes golpeaban los muros y por momentos parecía que navegábamos en un barco en altamar. Desde que nos vimos surgió una conexión profunda y nació una entrañable amistad.
Meses después, me invitaron a presentar la película “El camino” en el Festival Internacional de Cine de Damasco y viví en la casa-galería de mi tía, la gran pintora iraquí Nawal Al Sadoon.
Jocelyne estaba filmando en el Líbano y llegó a Damasco con el fotógrafo francés Jacques Bouquin para proponerme actuar en una película, inspirada en su propia vida, llamada "Le rouge et le blanc".
De Damasco a Beirut
Poco tiempo después de nuestro encuentro, un taxista me recogió en casa de mi tía Nawal y partí hacia Beirut, para actuar primero en una película fantástica llamada "What´s going on?", dirigida también por Jocelyne. donde Interpreté a una viuda en medio de una procesión en el "bosque sagrado de los cedros milenarios" un lugar mágico, donde con una sola mirada podías ver la nieve en la cima de las montañas, y al fondo, el mar. Allí nació el poeta Khalil Gibrán.
Luego filmamos algunas secuencias de la nueva película “Le rouge y le blanc” en las ruinas de una iglesia cristiana. Era una mujer vestida de rojo, abandonada en el altar; afuera se escuchaban los bombardeos y la mujer enloquecía, dejándose caer en un camino de pétalos rojos.
También filmamos en un Hamam antiguo en Trípoli, donde la misma mujer caminaba descalza, con rabia y dolor, bajo los rayos de la luz que entraba a través de vitrales de colores. El agua purificadora de las fuentes aplacaba el fuego del cuerpo.
En otra secuencia la mujer, a quien Jocelyne nombró Ishtar, se desempeñaba como directora de un film con grandes actores libaneses: Raia Haidar y Nasri Sayegh.
Estas secuencias que filmamos del proyecto de largometraje “Le rouge et le blanc”, se inspiraban en la propia vida de Jocelyne.
Y una noche, después de ir juntas a una exclusiva cena con posibles patrocinadores, en una casa donde había un sarcófago (original) y una esfinge en el jardín, fuimos a un estacionamiento de automóviles.
El cuidador nos miraba con curiosidad, pues íbamos a pie. El espacio era grande, y Jocelyne se movía por el lugar mientras la seguía, hasta que, con lágrimas, me dijo:
-Aquí estaba mi cuarto, aquí mi cama y una ventana que daba al jardín.
Seguías caminando, reconociendo el espacio y te seguía.
-Aquí quedaba la sala, era muy elegante, con tapices antiguos y una ventana en lo alto. Teníamos un tocadiscos y escuchábamos música con mi padre, un aventurero.
-¿Dónde vive tu padre? Le pregunté.
Y ella respondió:
-Aquí había tesoros de sus viajes a Camboya... También un sarcófago...¡con una momia adentro!
-Y ¿qué fue lo que pasó?, ¿dónde está la casa?
-Mi padre murió. Yo era su preferida… A mi madre nunca la veo… Me la imagino allí, sentada con su bastón...
Jocelyne siguió caminando por el parqueo. El cuidador nos miraba de lejos.
-¡Aquí estaba la cocina!
Nos sentamos en el suelo a imaginar cada espacio de la casa.
Y Jocelyne me reveló:
-A principios de los años 80, durante la guerra, mi casa fue bombardeada por la armada israelí y fue devorada por el fuego.
Nos abrazamos y Jocelyne me dijo emocionada que teníamos que filmar esa secuencia, cuando mi personaje regresaba al parqueo, revivía el pasado en esa casa desaparecida y evocaba esa vida “suspendida”.
En “Beyrouth, ma ville”, Jocelyne camina entre las ruinas de la casa. Es una imagen fantasmagórica y real, de una película entrañable.
Le rouge et le blanc
Durante la búsqueda de financiamiento, fuimos a dar con un empresario de vinos libaneses, un señor de unos 80 años, muy vital, con un inmenso viñedo. Era además catador de vinos, y nos llevó por un largo recorrido.
Caminamos por múltiples pasillos con decenas de bóvedas llenas de barriles y botellas, de todas las edades, hasta llegar a la cava más antigua. Él catador se detuvo frente a unas botellas con telarañas y abrió una de vino blanco, y otra de tinto, ambas con 40 años (mi edad). El sabor era fuerte, bueno y profundo, dulce, y penetrante.
El empresario catador nos hablaba del vino como si se tratara de una hermosa mujer. Nos hizo una seductora demostración, lanzando el vino en un fino chorro a través de sus dientes separados, y nos habló del sentido de la vida o más bien de su propia vida. Al final, aparte de los placeres de Baco, no nos dio ni un centavo para la película.
Después, Jocelyne intentó buscar el financiamiento, pero lamentablemente no fue posible. Ella misma dijo en una entrevista que le habían cerrado las puertas. Es una injusticia que una realizadora extraordinaria no haya recibido el apoyo que merecía.
Años después nos encontramos en su apartamento de Saint-Germain-des-Pré y conversamos de nuestras experiencias, nuestras luchas, sueños y amores. Me mostró su último trabajo fotográfico, con imágenes impresas en lonas de plástico de los refugiados sirios en el Líbano. También estaba trabajando en un documental, en Japón, con Inuhiko Yomota escritor, ensayista e historiador de cine, quien actuó en la emblemática película “Terrorista” de Masao Adachi.
El ultimo día que nos vimos con Jocelyne, justo en un restaurante japonés, hablamos de la posibilidad de terminar “Le rouge et le blanc”. Sin embargo sentimos, sin decirlo, que no sería posible.
Me dijiste:
-Algún día ese material tendrá sentido.
La obra artística de Jocelyne, perdura, como un documento de vida que aun palpita y sangra.
Camino por las calles de Beirut, “con la necesidad de Oriente”. Quisiera regresar el tiempo atrás. Veo los viejos edificios y otros en construcción. El vacío continúa, como si alguna ola hubiera borrado los trazos. El mar se ve apagado. Busco la noria de Beirut, aquella que mirábamos juntas al caminar.
Ishtar Yasin
Líbano, 2019




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